Queridos 32...
Carta a mis 32 pero quiero decir que ya viví la edad de Carrie Bradshaw en la primera temporada de Sex and the City.
Queridos 32,
What a ride! Durante tus 365 días aprendí tanto sobre el valor y amor propio que podría decirte que es el primer año que me atrevo a verme cómo y quién soy. Me guste o no.
Durante años pensé que no era bonita. Este año entendí que eso era solo una narrativa que repetí demasiado tiempo. La cambié. Fue la primera vez de muchas que me vi al espejo y reconocí algo tan básico como “estoy guapa”. Fue simple, directo y sorprendentemente liberador.
También dejé de esconderme. Hice cosas que llevaba años queriendo hacer pero que evitaba por el “qué dirán”. Y sí, da miedo, pero también te acomoda: cuanto más me muestro, más cosas llegan.
La nostalgia me pegó fuerte. Extrañé versiones mías padrísimas que hoy ya parecen de otra vida. Pero a la vez aparecieron cachitos nuevos de la Pau en la que me estoy convirtiendo. Y conocerla me encantó.
Corrí mi cuarto maratón y me recordó que el ego estorba, que el proceso importa más que cualquier expectativa y que las lecciones casi nunca llegan en el empaque que esperas.
Viví mucho observando mis pensamientos. Aprendí a ver lo que me repito y el por qué vivo una y otra vez de la misma manera. Me enseñaste que suelo vivir en extremos y que en muchas áreas de mi vida estaba viviendo al 70%, por lo tanto, eso recibía.
Hubo amistades nuevas que se volvieron importantes, y otras que se quedaron atrás. No con drama, solo con claridad. La vida cambia, y los círculos también. Y aun así, entendí algo: a veces la gente regresa. No importa cuánto se hayan desviado los caminos, darles una segunda vuelta también está bien.
Por una razón u otra, me llevaste a lugares que solo existían en mi lista de “visitar alguna vez en la vida” y tuve la dicha de conocer la magia de las auroras boreales, o cruzar en bici la ciudad de San Francisco.
Los últimos meses me dejaron una incomodidad que se siente como movimiento. Esa sensación que te empuja a cambiar, a crear, a salir del lugar en el que ya no creces. No tengo claro el “qué” ni el “cómo”, pero sí sé que estoy sostenida por energías que hacen su parte. Este año me recordó el poder real de habitar mi propia energía: lo que pienso soy y lo que soy, creo.
Y pues así, llevo 33 años en este mundo y no dejo de conocerme y aprender nuevas cosas de mi. Cuando pienso en este año me llega mucho la palabra sparks. Lo siento en la boca del estómago. Lo veo como magia, como estrellas. Lo que sea que traiga, estoy lista.
xo
Pem.



